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Recordaron los legados de los iquiqueños, Francisco Murillo Toro y Edgardo Barría Barría

Publicado: Jueves 29 de octubre de 2020

Nunca los olvidaré amigos

Por: Freddy Torres Oviedo.

Es difícil iniciar estas líneas porque cuesta aceptar que al hacerlo te llenarás de pena y nostalgia y de una gran ausencia que debemos aceptarla contra todos los designios. Sin dudas que no estamos preparados para que la vida te arrebate los seres queridos, pero es una ley que no podemos evitar de cumplirla y de sobrellevarla. Sirva estas líneas de introducción para recordar a dos grandes amigos que ya no están con nosotros, pero que los llevamos acá dentro del corazón y no los podremos olvidar nunca. El pasado 20 del presente mes en las primeras horas de la mañana Francisco Murillo Toro, el secretario ejecutivo de la Pastoral Migratoria del Obispado de Iquique, dejó de existir. Hoy descansa en paz. Fue uno de los pocos amigos que he tenido en mi transitoria vida llena de lugares y de personajes. Me aceptó para ser su encargado de comunicaciones cuando su reducto era la Pastoral Laboral. Me dio una oficina y un espacio donde poder desarrollar mis labores y las de él y los suyos. Fue un hermoso trabajo que hicimos en la sede calle Gorostiaga 111 en el Barrio El Morro en Iquique. Conmigo – y no sólo con mi persona – fue amable, un respetado jefe y una persona que miraba siempre la parte social y las justas reivindicaciones de la gente y de los trabajadores. Era obvio que tarde o tempranos nos íbamos a convertir en amigos. Y así fue. Por eso su partida me sorprendió helado, frágil y nunca preparado. En realidad, uno nunca está preparado para estos acontecimientos. En ese espacio de Gorostiaga 111 hicimos decenas de actividades y nos ganamos un par de proyectos. Allí compartí con otro de los grandes hombres que he conocido en mi vida. Edgardo Barría Barría que se transformó en el mejor amigo que he tenido en este Puerto de Palos, como llamo a Iquique en la intimidad.

 
 
 

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La historia dice que fue construido en pino oregón ¿no? Con Edgardo pasamos años de años trabajando juntos. Proyecto donde conseguía trabajo lo invitaba a trabajar conmigo y juntos estuvimos en decenas de partes tanto en las comunicaciones o como cuando a él se le ocurrió convertirse en baquetero. Uno de los mozos adivinen quién era. Si, además me las daba de cocinero y lo hacíamos a veces para grandes delegaciones de personas que visitaban Iquique y muchas delegaciones de deportistas. Hoy en el 2014, si hoy un 29 de Octubre, nos dejaba Edgardo. Falleció esperando ser atendido por los médicos. Tenía que hacerse exámenes y le dijeron que no debía comer durante toda una noche. Fatal. Entró en coma diabético y como estaba débil no resistió la crisis y se fue. Desde ese día lo hecho de menos y su ausencia me dejó una especie de espejismo mágico y supremo. A veces creo que lo voy a ver entrar por la puerta de mi casa, ofreciéndose cocinar algo rico o preparar sus inconfundibles pataches. Si amigo te echo de menos. También tus “banderita española” (huevos revueltos con tomate). De seguro, que algún día nos reuniremos en algún lugar del Cosmos. Pancho contigo también.

 

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